Profite de la vie

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Profite de la vie

No deberíamos tener derecho a enfadarnos, nunca. ¿Quejarse? ¿Por qué? Somos afortunados. Porque hemos tenido la suerte de vivir una vida digna. Porque hemos tenido la suerte de no tener un jardín trasero plagado de minas antipersonas, porque no hemos sufrido los males de ninguna guerra, no somos ninguno de esos desplazados, porque por mucho que nos digan que la economía decae y que nuestro futuro es el paro, debemos sentirnos bien. No tenemos excusa. Nos quieren zarandear.
Pero mientras, tenemos pequeños detalles por los que vale la pena levantarse por las mañanas y no insultar al prójimo cuando hay un atasco de camino al trabajo. Esos pequeños detalles, una mañana soleada de surf con tus amigos, unas cervezas en alguna terraza, leer a Bukowski bajo la sombra de algún árbol o cocinar un risotto a las seis de la mañana en la playa tarareando algo de Cut Copy después de hacer fotos en una fiesta y levantarse para mover el culo encima del longboard.


Son pequeños detalles, detalles que marcan el día a día, detalles que marcan una vida y que quedan para siempre.

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Merci Cousteau

 

 

Que nos expliquen qué es un Pokemon o para qué sirve un Tamagotchi por favor.No somos mayores y la niñez la dejamos hace ya algunos lustros atrás pero después de ver a estas generaciones herederas de los desperfectos y el rancio avanzar del tiempo nos preguntamos, qué habrá aportado que un niño sepa usar un móvil antes de que esos dientes de leche, sinónimo de infancia e inocencia, caigan… Nos paramos a pensar y llegamos a la conclusión de que fuimos de las últimas generaciones impregnadas de un aire de romanticismo, romanticismo que ahora se envasa en estúpidos productos hijos del mercado. Qué fue de aquellos tortazos que recibíamos al meter petardos en las basuras del vecino o de las carreras agónicas perseguidos por nuestras madres con la zapatilla en mano cuando percibían en nosotros una actitud chulesca seguida de una mala contestación o un mal gesto. Dónde quedaron Mazinger Z o David el Gnomo? Qué fue de Chicho, Maya, Marco o los Fruitis?


Hubo una generación X ¿Seremos nosotros? A caso una nueva generación perdida, sería necesario mirar hacia el pasado… Y qué será de estas generaciones inundadas por una educación en decadencia? Mejor no hacer mención a la sarta de vocablos malsonantes que nos podrían venir a la cabeza. Es algo que inevitablemente vemos todos los días pero hay lugares en los que todo esto no existe. Lugares en los que solo existe tu gente, un velero, una sonrisa y un grito poderoso de alegría. Observamos con la curiosidad que heredamos de aquel entrañable Cousteau cómo nos deslizamos sobre este manto azul llamado Cantábrico al son del viento, guiándonos amablemente y recordándonos lo que fuimos.

 

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